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8 Agosto 2006

Día 1 y 2: Nos vamos de viaje

Apenas tenemos una semana y no nos queremos agobiar. Así que poco a poco. Es lunes, tenemos seis dias por delante para disfrutar mucho y gastar poco. Esa va a ser la filosofía. La primera noche se la regalamos a la madre playa, al de la tumbona por oficina y los policías del ventilador.

Por la mañana, después de un baño en la playa y un desayuno con los pies en la arena, nos vamos hacia la frontera.

Un niño con cara de llevar droga consumida se monta en el autobús. Hace un espectáculo queriendo hacer reir, pero da pena. El Paisaje es desolador, con ojos rojos, y risas forzadas, el niño lo intenta. Pelo a medio lavar y uñas negras. Pies sin calzar y heridas a la vista. Trapos por ropa y ganas de ganar. Algo le ofrecemos y lo recoge agradeciéndolo con la mirada. Nuestra alma por el suelo, su vida también.

Llegamos a la frontera con Guate y al bajar del autobús una marabunta de personas se
ofrecen para cambiar dólares por quetzales “buen precio, buen precio” gritan todos al unísono.

Montamos en triciclo y cruzamos la línea imaginaria. Estamos al otro lado. Es Guatemala. Tres horas de autobús nos dejan en Escuintla. Allí agarramos otro para Antigua. Ciudad colonial, capital de Guatemala antaño. Con fama de bella y cuerpo usado, Antigua se nos presenta como la meca del turismo europeo y yanqui que visita este lindo país.

Restos de grandeza pasean por la ciudad. Un terremoto truncó sus ganas de ser capital. Los restos producen ganancias. El turismo es implacable y la ciudad le brinda una mirada atrás, un mercado de artesanía y unas calles peatonales para coches.

El hostal es de medio pelo pero está bien. La noche la compartimos con dos chicas vascas. Conversaciones sumergidas en cerveza agilizan la nocturnidad. Americanos brindan con sus voces altivas “fuck you!”. Eso mismo les digo yo. Le miro a uno y puedo jurar que sin querer, me acuerdo de lo que he leído hace unas horas del Libano. No solo es Israel. Y repito para mis adentros Fuck you!!!! Se que no tiene la culpa. El cerebro humano funciona así.

Dormimos con los sonidos característicos de una ciudad turistica. Música, extranjeros que aprenden a bailar salsa el lunes por la noche ahogados en cubatas, bocinas durante toda la noche, pero dormimos.

Despertamos y después subimos a un mirador escoltados por la policía. Un grupo de 20 personas. La vista cambia. La ciudad se ve imperial. Impuesta. Cuadriculada como las europeas. No hay el desorden clásico de aquí. Hay aceras y alcantarillas. Como son turistas hay que cuidarlos. No vaya a ser. En la comunidad de al lado ya es otra historia. Por no haber seguro que no hay ni agua ni luz.

Capitulo siguiente: Mercado de Chichicastenango y llegada al Lago Atitlan.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Mai

Mai dijo

Pensar que de esto hace ya más de dos años. Me voy el día 26, a revivir y a conocer sitios nuevos!estoy nerviosa pero leer esto me ha recordado lo mucho que me gusta estar allí!

16 Septiembre 2008 | 11:05 AM

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